
Da la casualidad de que habito en un bloque de pisos cuya mayor virtud es que todas sus ventanas y balcones vienen a dar a un parque preñado de infinidad de árboles y césped a tutiplén.
Una gozada. Cuando los operarios municipales pasan la cuchilla, el aroma fresco y húmedo de la hierba recién cortada se cuela por toda la casa y te inunda los pulmones hasta encharcarlos de savia y clorofila.
¿Pájaros? Mogollón. Los hay de todos los colores y trinos. Claro que servidor, como es urbanita hasta las trancas, no distingue un gorrión de una cigüeña, pongamos por
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